“Algunas reflexiones sobre la nueva ley del aborto.”

El 24 de febrero del 2010, se aprobó en el Senado la nueva ley del aborto que sustituirá la ley de 1985. Escribo estas reflexiones fruto de mi intervención en el Pleno y del debate suscitado en la tramitación de la ley.

Esta nueva ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, es un avance que mejora claramente la anterior. Una nueva ley que es un gran paso adelante aunque con limitaciones que hemos intentado superar, tanto en el Congreso como en el Senado, sin éxito dada la cerrazón del PSOE a modificar el tiempo de plazo y a despenalizar totalmente la interrupción voluntaria del embarazo. La mayoría parlamentaria que ha dado apoyo a esta ley, ha legislado sin hipocresías y pensando en los cientos de miles de mujeres que en España han abortado, en sus derechos y necesidades.
¿Había que hacer una nueva ley? Si.

El 1985 se aprobó una ley por la que se podía abortar, sin que esto fuera delito, por tres causas:1) malformaciones del feto,2) violación y 3) por grave riesgo para la vida o la salud física o psíquica de la madre. Este tercer supuesto ha sido la hipócrita excusa por la que la inmensa mayoría de mujeres abortaban en España. Esta ley tenia también sus defectos ya que;
–         generaba inseguridad jurídica tanto a las mujeres como a los profesionales que intervenían en los abortos.
–         La mujer no decidía, estaba supeditada a un informe medico.
–         No garantizaba la atención sanitaria pública.
–         Ha permitido la vulneración grave de las historias clínicas de mujeres.
–         Ha habido una interpretación del tercer supuesto como coladero legal para justificar el aborto.

Era, pues, necesaria una nueva ley. Aun representando un paso hacia adelante esta nueva ley adolece, a mi entender y al de ICV, de dos limitaciones.
1º Limitar el plazo a 14 semanas. Nuestra propuesta era de 22, ya que la viabilidad del feto extrauterino la comunidad científica la sitúa entorno a las semanas 24-26 de gestación.
Este mayor plazo permitiría a las mujeres tomar con más tiempo su decisión sobre la continuidad o no del embarazo.
A la luz de la experiencia acumulada, según las indicaciones de los especialistas, la ampliación del plazo permitiría a las mujeres-especialmente las más vulnerables- poder acogerse a este derecho en mejores condiciones. Reducir el plazo a 14 semanas puede generar; o abortos ilegales o  volver a enmascararlos relacionándolos con la salud.

2º despenalización plena del aborto para la mujer. No queremos un delito despenalizado sino el libre ejercicio de un derecho (de un derecho, no de una obligación como quiere hacernos creer la derecha).

La plena despenalización del aborto ha sido una vieja reivindicación del amplio y combativo movimiento a favor de un aborto libre. Para justificar esta total despenalización para las mujeres que abortan transcribiré un texto del informe del “Comité de Personas Expertas”, que soporta parte importante de esta ley.
Dice el comité: “El profundo conflicto personal que para una mujer puede suponer un embarazo no deseado, con repercusiones globales en su proyecto vital de futuro, afecta de modo tan intenso al libre desarrollo de la personalidad que convierte el procedimiento penal en una respuesta desmedida, desproporcionada y difícilmente justificable por su participación en el aborto, aun cuando éste se produzca fuera de los límites de la legalidad”.

PP, UPN y UDC, partidos contrarios a la ley, han lanzado la acusación de falta de voluntad de diálogo y de consenso. Encuentro hipócrita apelar a este consenso cuando saben que es imposible.
¿Qué consenso puede haber respecto a una ley del aborto,  con partidos que defienden la creencia de la iglesia católica de que hay vida desde el mismo momento de la fecundación, frente a partidos que defendemos que solo la viabilidad fetal, (repito según la comunidad científica situada alrededor de las 24-26 semanas de gestación) puede determinar la libertad de interrumpir el embarazo? Ninguno. 

No hay punto de encuentro entre los que pensamos que el llamado “derecho a la vida o derechos del no nacido” empiezan cuando el feto es viable fuera del útero materno, frente a los que creen que desde el mismo momento que el espermatozoide fecunda el óvulo ya hay vida.
Lamentablemente, se repite con esta ley una constante en la historia de España y es de que nunca, nunca, el conservadurismo político y social junto con la jerarquía católica, ha dado su apoyo a la conquista de un nuevo derecho, y menos si éste era para las mujeres.
Jamás lo han hecho.

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