“Debate y conflicto.”

Article publicat al diari Público.

La pugna por la hegemonía de las ideas es fundamental en todo conflicto político y más en una sociedad democrática. Quien consiga convencer, con su interpretación de la realidad, vence. Vistos los resultados electorales de la mayoría de países de la Unión Europea y según todos los sondeos en España, es la derecha quien convence y vence electoralmente. No nos debe sorprender. En estos momentos en que los sentimientos de amplios sectores de la sociedad son de angustia por la crisis y paro, de desconfianza hacia la política y su capacidad de resolver los problemas y de impotencia al ver que los principales responsables de la crisis -por ejemplo los bancos y banqueros, se salen de rositas- el centrismo tecnocrático de los socialistas no es competidor frente a una derecha populista e hiperideologizada.

La crisis económica ha desatado un gran debate sobre la naturaleza del sistema capitalista y las políticas neoliberales inherentes al mismo. Si en un principio se creyó que ya podíamos hablar del fin de la dictadura de los mercados y de que era el momento de la política, el sueño duró escaso tiempo. El desprestigio de lo público y de la política es más fuerte que nunca. En estos más de 2 años de crisis, conservadurismo político y neoliberalismo económico son los grandes protagonistas, solo hay que ver el mapa político de la Unión Europea y las políticas económicas de la Unión y sus estados miembros.

Superado el desconcierto de los primeros momentos donde se llego a hablar del fin  del capitalismo, los poderes económicos han desplegado una impresionante campaña,  tanto para justificar las causas de la crisis como para legitimar las respuestas a la misma. Asistimos a una ofensiva generalizada para justificar lo injustificable; que los mercados sigan campando a sus anchas. En una especie de mundo al revés se ha responsabilizado a los sectores populares de la crisis y del pago de sus costes. Hay una dura batalla por la hegemonía de las ideas. Los poderes necesitan también justificar sus actuaciones, ganarse las conciencias de la gente, y más en tiempo de crisis. Frente a esta ofensiva ideológica, el desarme de la izquierda política es muy grande; no podemos ignorar que es un gobierno socialista el que está gestionando la salida neoliberal en España.

La importancia de la  huelga general del 29S, es que es la primera respuesta contundente contra las medidas del gobierno para salir de la crisis económica y al discurso que las justifica. La convocatoria de la huelga y sobre todo los argumentos esgrimidos han trastocado el esfuerzo de tantos sectores del “poder” para hacernos creer que sus intereses minoritarios eran los intereses de la mayoría. Se han empezado a desmontar las justificaciones que conllevan a la resignación, al denunciar cuales son las reales causas de esta crisis y al anunciar las salidas alternativas.

La huelga general vino precedida de una campaña de deslegitimación de los sindicatos y del sindicalismo, preocupante desde un punto de vista democrático y que expresa la involución de sectores de la derecha española. Multitud de esquiroles de escritorio concentrados en los medios de comunicación más derechistas se han lanzado a degüello del sindicalismo de clase.
La huelga general ha ido bien. Todo lo bien que puede ir una huelga en un país con un 20% de paro, casi un 30% de trabajo temporal y con más de un 52% de empleo en las micro y pequeñas empresas. Hacer huelga en este escenario es más que complicado.
El conflicto, pero, debe seguir y es responsabilidad de los sindicatos y partidos de izquierda darle continuidad. No es momento de diálogo, sencillamente porque no lo quieren ni patronales ni gobierno. Lo peor que podría pasar seria resignarnos. El conflicto sigue abierto y deben seguir las movilizaciones. La propuesta de recogida de firmas, a favor de una iniciativa legislativa popular para modificar la reforma laboral, es una medida inteligente propuesta por CCOO y UGT que hay que apoyar.

La huelga general también nos ha dado dos lecciones. La primera es que los sindicatos deben recuperar su carácter sociopolítico. Un sindicalismo solo de gestión ha llegado a sus límites. Desde su responsabilidad social y desde una lógica sindical, los sindicatos deben recuperar su protagonismo político.
Una segunda lección es la necesidad imperiosa de que emerja con fuerza un referente político creíble y útil para la gente de izquierdas que no aceptan la actual situación por injusta e insostenible. Está claro que el PSOE no va a modificar sus políticas, puede hasta empeorarlas desde un punto de vista social. Ha cambiado el ministro de trabajo pero no la política económica del gobierno ni el equipo que la dirige. La vicepresidenta Salgado fue clara en el debate de presupuestos cuando afirmó que si hay que hacer mas ajustes se harán, y este gobierno entiende por ajustes recortes de derechos y prestaciones sociales.
Frente a esta situación debe haber un proceso de rearme de una izquierda política con valores claros, propuestas adecuadas y actitudes firmes. Esta izquierda solo es posible desde la confluencia y ésta solo se dará si hay generosidad, atrevimiento y altura de miras. ICV está empeñada en ello.

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