“Proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.”

 

El pasado día 4 de mayo se debatió en el Senado el proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.
Una ley importante y compleja, en la que he tenido la suerte de contar con la ayuda y la opinión de miembros de la Federación de Jóvenes Investigadores. En su tramitación en el Senado se han mejorado aspectos, aunque quedan dos importantes sin resolver; la estabilidad laboral de los investigadores formados y la planificación plurianual de los recursos económicos. Dos aspectos fundamentales si realmente queremos avanzar en la sociedad del conocimiento.
Reproduzco mi intervención en el Pleno del Senado.

El señor GUILLOT MIRAVET: 

Muchas gracias, señor presidente.

Seguramente, en mi intervención no voy a ser capaz de trasladar la intensidad y lo extenso que ha sido el proceso de negociación y de acercamiento de posturas respecto de esta ley de Ciencia, Tecnología e Innovación.
En primer lugar, quiero agradecer al senador Rubio, portavoz del Grupo Popular, su disponibilidad, así como a la senadora Vicente, portavoz del Grupo Socialista, la capacidad de llegar a acuerdos conmigo y mi grupo.

Soy de los que comparten con muchos de los oradores que antes han intervenido que la principal riqueza de una nación es su inteligencia. Y seguramente España tiene mucho que hacer aún en investigación, desarrollo e innovación, y muchos de los cuellos de botella que tenemos respecto al desarrollo de nuestra sociedad, la salida de la crisis, el cambio de modelo productivo y el bienestar general, tienen que ver también con el impulso que demos a todos estos ámbitos.

Es evidente que el futuro está en la sociedad de conocimiento —una idea que compartimos todos— y es evidente que esta ley es muy importante, después de más de 25años desde la aprobación de la anterior; una ley esperada y que ha creado expectativas en el sector del mundo de la investigación, del mundo científico, del mundo político y del social.
En el proceso de debate que se produjo tanto en el Senado como en el Congreso, la principal preocupación que Iniciativa per Catalunya Verds era la relativa a aquellos aspectos referentes a la contratación y el acceso a la carrera profesional, todos aquellos aspectos laborales que tanto tienen que ver en el diseño y el buen hacer del trabajo en la investigación y la posibilidad del desarrollo y la aplicación de esta ley de Ciencia, Tecnología e Innovación.
La principal crítica que hago a este proyecto de ley es que sigue manteniendo el factor de la precariedad en lo que se refiere a la contratación, el acceso y la permanencia en el mundo laboral de los investigadores. Y creo que ello, junto a la falta de una memoria económica que permita planificar la inversión de manera plurianual, son dos de los grandes defectos de esta ley, que, a su vez, merman no solo las posibilidades de una buena gestión y aplicación de la norma, sino también la capacidad que tenemos como país de avanzar en ciencia, tecnología e innovación.

Creo que es de sentido común y no hace falta ser Epaminondas para darse cuenta de que, si nuestra legislación no es capaz, a partir de determinado desarrollo de una carrera profesional y a partir de una determinada edad, de dar estabilidad al investigador; si seguimos insistiendo en precarizar un sector tan estratégico para nuestro desarrollo como es este, no resolveremos uno de los principales problemas que tenemos, y es que entre el 40 y el 50% de los investigadores del sector público están en una situación precaria.
Es evidente, es verdad —y lo reconozco como un aspecto importante— que se han producido mejoras en el Senado a partir de las enmiendas transaccionales. Así ha sucedido con la enmienda 83, de Entesa Catalana de Progrés; la 176, del Grupo Popular; la 165, del Grupo Popular, y la 207, de Convergència i Unió. Hemos logrado dar una mayor concreción o fijar de una manera mejor aspectos de regulación por la vía laboral o de estabilidad, por ejemplo, en los contratos de los programas Ramón y Cajal o Miguel Servet.

Sin embargo, a pesar de las mejoras que ofrecen estas transaccionales, sigue el interrogante sobre el contrato de acceso. ¿Es realmente útil el contrato que contempla esta ley? ¿Permite realmente dar estabilidad, afianzar, captar, fidelizar a los investigadores? Creo que no, señorías. Creo que este contrato de acceso reduce las garantías que fija la normativa vigente, como, por ejemplo, respecto a la figura de los Ramón y Cajal. Además, se elimina la referencia al derecho a que la institución de destino convoque una plaza acorde con el perfil —no con la persona— que se contrata al inicio del proceso. Insisto en que, al no disponer de una planificación económica, no se asegura la continuidad en el flujo de personal, tan costoso en su formación.

El reconocimiento de la evaluación positiva como mérito para el acceso a las plazas de laboral-fijo es insuficiente para personas que han pasado tres evaluaciones públicas previas: contrato predoctoral, contrato de acceso y evaluación positiva. No hay, por tanto, continuidad en la carrera de investigador ni garantías para que el personal científico pueda acceder a un puesto de trabajo estable por debajo de cierta edad, y para mí esto es letal. No nos damos cuenta de que esta precarización, esta ausencia de confianza y estabilidad, a ese tipo de personal es una merma en nuestra capacidad para desarrollar un trabajo de investigación, de avance en la ciencia, en la tecnología y en la innovación. Y, por último, este contrato de acceso no precisa cuál es el convenio de aplicación por el cual se regulará esta relación laboral. Todos ellos son elementos que en el debate legislativo parecen menores pero que para una persona, para un investigador, que ha hecho su carrera, su tesis, su doctorado, paso a paso, con gran esfuerzo y siempre de una manera costosa como mínimo para el erario público, es decepcionante, e invita a irse a la privada o al extranjero al no poder encontrar en tu país el acomodo necesario para estabilizar tu vida y tu carrera profesional. En este sentido, el proyecto de ley merma la capacidad de articular una carrera profesional.

Con todo, pienso que el Senado, gracias al debate y al proceso que ha llevado a cabo, ha dado un paso más en la mejora de esta ley tan importante. Ya he agradecido anteriormente la negociación y la capacidad de encuentro en muchas enmiendas transaccionales, que, en mi opinión, son importantes.
En este debate también me he encontrado con el dilema que siempre afecta a los partidos minoritarios, en este caso, a subgrupos minoritarios dentro de un grupo ya minoritario, y es que las 83 enmiendas que ha presentado el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés se presentan en nombre de Iniciativa per Catalunya Verds. Como solo somos dos senadores de este grupo, he tenido que elegir entre marcar perfil o entrar en una negociación, y en este sentido, he creído que lo más oportuno es entrar en la negociación, e intentar mejorar en lo posible este proyecto de ley, y evidentemente, esto tiene un coste. Ya les anuncio, señor presidente, la retirada del resto de enmiendas que no están sustentadas en las enmiendas transaccionadas y firmadas.

Voy a terminar mi intervención con tres cuestiones: una, que habrá que estar atentos al desarrollo de la aplicación de esta ley; dos, que habrá que estar atentos para ver cuáles son los efectos positivos y negativos de la aplicación de esta ley, su reglamentación y su desarrollo posterior, que, insisto, mejora muchos aspectos pero no resuelve el principal problema de la precariedad ni aborda la necesidad de la planificación con la introducción de memorias económicas, que hubiera podido ser mucho más ambiciosa; y, tres, que habrá que estar mucho más atentos a la petición, por ejemplo, de colaboración de jóvenes investigadores, a los que quiero agradecer su esfuerzo y su amabilidad en trasladar su opinión, su conocimiento y su experiencia concreta.

En definitiva, es una ley que se queda a medio camino de lo que realmente necesitamos, y España necesita, y mucho, tener una buena ley de la ciencia, la tecnología y la innovación, porque el futuro de nuestro país pasa por la sociedad del conocimiento.

Gràcies, senyor president.
Gracias, señorías.

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