“REPSOL-YPF.”

Comisión de Asuntos Iberoamericanos, Senado 17 de abril 2012.
Comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores.
Intervención del senador Jordi Guillot, portavoz de l’Entesa pel Progrés de Catalunya
.

Antes de nada quiero agradecerle su intervención, en la que ha explicado qué entiende usted por globalización y por los cambios que se han producido en el escenario internacional, porque la verdad es que nos sitúa mucho mejor a la hora de comprender cuáles son las políticas del ministerio.

Me voy a centrar en buena medida en el problema de Repsol-YPF, por motivos obvios de agenda, pero primero quiero comentarle una serie de cuestiones.
En primer lugar, creo que deberíamos ir abandonando progresivamente esta idea tan paternalista  “de la madre patria”, de  la fraternidad, de los hermanamientos, etcétera, porque quizá nos gusten mucho en España, pero esos conceptos no agradan a gran parte de las opiniones públicas y Gobiernos latinoamericanos actuales.
En segundo lugar, como me muevo más hacia el modelo brasileño del PT, y solo apoyo Gobiernos y partidos democráticos -aquellos que contemplan todas las libertades -le rogaría que escuchase la voz de los Estados americanos respecto a Cuba y el bloqueo. El otro día, en Cartagena de Indias, el mismo presidente Santos, delante del señor Obama, dejó las cosas muy claras. En este sentido, creo que si el Gobierno español quiere jugar un papel útil, de solución o de puente debería intentar comprender cuál es el estado de opinión de estos países y de sus opiniones públicas en relación con el bloqueo que sufre Cuba y padece el pueblo cubano, máxime porque vivimos una realidad en la que se ha producido un alejamiento progresivo de muchos de estos países latinoamericanos con respecto a los Estados Unidos y sus políticas hacia el resto del continente americano.

Su análisis global -que también afecta a Latinoamérica -contemplaba la presencia de nuevos socios económicos y comerciales, el monopolio ya no lo retienen solo los gobiernos y empresas occidentales, y esta nueva realidad es un elemento de cambio y de dificultad. Por nuestra experiencia, lo que compartimos muchos miembros del Senado, por ejemplo, es que la presencia de China y de muchos países de África y de América es impresionante, y parece que va a más. Así, ya que no tenemos la exclusividad en la inyección de tecnología, de capital, de recursos, etcétera, habría que analizar cuál ha de ser el nuevo modelo de relación y de presencia económica, empresarial y comercial en esos países. Que de bien seguro deberá reorientarse en un sentido de intercambios más justos.

Por último, me centraré en la marca España. Señor ministro, ¿tan mal está nuestra imagen? Parece que la imagen de España en el mundo es tremenda y que, por ello, hay que inventar una marca España, aunque tampoco se acaba de concretar exactamente qué virtudes deben adornar esta nueva marca. Creo que si realmente la marca España quiere ser una marca simpática, que entusiasme y genere empatía se debe centrar en la cooperación, la solidaridad, la equidad, para que especialmente los pueblos de América Latina no solo la consideren próxima sino útil y creíble para sus intereses.

Por lo que respecta a la cuestión del día, REPSOL-YPF, señor ministro, no creo que el nacionalismo económico sea un buen consejero a la hora de resolver, o como mínimo para no agravar la actual situación. Muchas de las reacciones de estos días en algunos medios de comunicación me crean sorpresa porque son de una torpeza increíble, que lo único que van a conseguir es agravar o empeorar la situación y, además, algunas las encuentro de una hipocresía realmente exagerada. Repsol no es España ni está en Argentina para defender la patria sino para hacer negocio y fomentar sus intereses. Aproximadamente un 10%  de Repsol está en manos de Sacyr, que hay que recordar que en su momento, en un arranque patriótico, quiso vender a Lukoil (petrolera rusa) su participación; el 13%, de Caixabank; y, casi el 4% pertenece al BBVA. Además, el 16% está en manos extranjeras y depende de Pemex, BNP, BlackRock y, por último, el resto, el 57,22%, está en manos de pequeños accionistas que cotizan en tres bolsas; Nueva York, Buenos Aires y en el Ibex 35. Por tanto, habría que tomar esa españolidad como un elemento a matizar y mucho.
Creo que el Gobierno español no puede responder a esta situación, que es compleja y no positiva, como si fueran nuestras Malvinas, porque no lo son ni se puede gestionar como si fuera el islote Perejil. Es un conflicto de intereses entre una empresa y un Estado, por lo que habría que analizar toda una serie de cuestiones a las que luego haré referencia.

Desde mi punto de vista es absurdo que entremos en debates sobre si es más positivo que la explotación de estos recursos las realicen empresas  privadas o empresas nacionalizadas.
Hay ejemplos de todo tipo, Petrobras es una buena gestora pública. Lo que si es irrefutable es el derecho de soberanía de toda nación sobre sus recursos naturales. Los motivos que ha defendido Argentina para la expropiación son la no inversión y la caída de la producción, 12%, en un país en el que el consumo se ha incrementado, el 38% desde el 2003 al 2010; y, según el señor Brufau, ha sido para tapar la crisis social y económica que padece Argentina.

No hay que olvidar que Repsol compró YPF -en un momento en el que Argentina y esta empresa tenían graves problemas- por 13.500 millones de euros y en un momento en el que el precio del barril estaba a 15 dólares, de manera que fue un buen negocio para Repsol.
Deberíamos preguntarnos si el Gobierno de Argentina tiene o no derecho a recuperar el control de sus recursos naturales, petrolíferos y de hidrocarburos, y yo creo que sí. Sin embargo, todos estaremos de acuerdo en que hay que hacerlo desde la seguridad jurídica y considero que el Gobierno argentino ha vulnerado el APRI -el Acuerdo para la Protección Recíproca de Inversiones- firmado con el Gobierno de España y que tocará ahora iniciar todos los procedimientos necesarios en los organismos internacionales judiciales y de arbitraje para resolver el contencioso abierto. Y, quiero dejar bien claro, que de la misma manera que el gobierno argentino tiene todo el derecho a recuperar el control y la explotación de sus recursos, también tienen la obligación de otorgar indemnizaciones justas al actual titular, Repsol-YPF.
Tampoco podemos olvidar en todo este debate, que las opiniones públicas americanas están a favor de este tipo de decisiones. Claro que están a favor; otra cosa es lo que le puedan decir algunos empresarios o algunos Gobiernos, no le sorprenda que el presidente Calderón de México apoye a Repsol, Pemex posee el 9’49% de sus acciones. Sin embargo, la opinión pública de América Latina vive mal todo aquello que represente el control de sus recursos naturales por parte de empresas extranjeras y es así porque la tradición histórica ha sido de sobreexplotación de estos recursos por parte de las empresas occidentales. Esa es la historia y la realidad.

Desde mi punto de vista, señor ministro, lo más importante es que hay que analizar qué ha pasado para llegar a esta situación, qué ha pasado en Repsol y qué ha pasado con las gestiones del Gobierno de España. Ya sabemos las críticas que se pueden verter al Gobierno de Argentina y a su presidenta, etcétera, pero el problema es qué ha pasado para que lleguemos a una situación tan negativa y, a partir de ese punto, sacar las conclusiones pertinentes y ver qué está pasando para que muchos socios occidentales estén siendo sustituidos por empresas de países emergentes -especialmente de China- y, sobre todo, concentrar nuestra actuación y respuesta enla Unión Europea más que en respuestas bilaterales.

Por último, señor presidente, seguridad jurídica en América Latina y populismo. ¿Cuántos países de América Latina no tienen Gobiernos populistas?  En cuanto a si la seguridad jurídica en América Latina es la misma que se puede dar en nuestro país o se pueda dar en Suecia, yo creo que no, pero es una variable más a la hora de afrontar las inversiones en este tipo de países. Qué seguridad jurídica esperaba Repsol encontrar en Guinea Ecuatorial, en Kazajstán, Uzbekistán o Turkmenistán, países todos ellos que el Sr. Brufau a visitado acompañado por el ministro de exteriores de turno para invertir en explotación de petróleo o gas.

Señor ministro, intentemos sacar conclusiones de lo que ha pasado, sobre todo para poder defender lo que aún tenemos en estos países y, en concreto, en Argentina. Ahora lo fácil es criticar al gobierno argentino y en especial a su presidenta Cristina Fernández, mañana lo difícil será analizar que ha hecho mal Repsol y el gobierno para llegar a la actual situación. Mientras, no pierdan las formas, guarden una compostura y un tono, especialmente el gobierno y su ministro de exteriores para ir reconduciendo nuestras relaciones con Argentina.

 

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