“El plan de estabilidad presupuestaria es el suicidio de nuestra economía y de Europa.”

Defensa del veto presentado por los senadores de ICV a la Ley de Estabilidad Presupuestaria  y Sostenibilidad Financiera. Senado, 25 de abril de 2012.

Este proyecto de ley es la continuidad a la reforma de la Constitución española que en septiembre de 2011, de forma sorpresiva, precipitada y rompiendo el pacto constitucional, acordaron el PSOE y el PP. Entonces se reformó la hasta el momento intocable Constitución, para afirmar que el deber de pagar la deuda prevalecía como valor superior a los de la justicia e igualdad en la definición de nuestro estado como un estado social y democrático de derecho. Una reforma que también invadía, como este proyecto de ley, la autonomía financiera y la responsabilidad fiscal de las comunidades autónomas.

Los objetivos de aquella reforma, como los de este proyecto de ley, eran, y así lo ha dicho el señor ministro, la recuperación de la confianza de los socios europeos y de los mercados, y se inscriben en una política de gestos que hoy por hoy tienen un escasísimo efecto; solo hay que ver los intereses que pagamos, la prima de riesgo o el estado dela bolsa. Vista la experiencia se puede afirmar, pues, que los mercados, a los que a partir de ahora llamaré prestamistas, son insensibles a estos gestos. Nuestra economía en recesión, los tipos de interés por encima del 6%, la prima de riesgo por encima de los 400 puntos y con la bolsa en pleno desplome. Dicho de otra manera, ustedes rompen el pacto constitucional, invaden competencias autonómicas y, lo que es peor, mandan un mensaje a la ciudadanía de que han decidido anteponer el pago de la deuda a sus derechos, y todo para nada; porque estamos donde estábamos, lo repetiré: en declive económico, con una prima de riesgo por encima de 400 puntos, con unos tipos de interés por encima del 6% y con la bolsa en plena caída. Podemos, hoy, concluir que fue una reforma constitucional innecesaria como lo es esta ley. Y esto lo consideramos grave e irresponsable.

Miren, señorías, hoy en España, desde la política responsable, nadie discute que hay que reducir el déficit, que hay que devolver lo adeudado y que no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades, ya sea en los gastos o en las deudas que se soportan: nadie. Podemos discutir sobre cómo se estima el déficit estructural; podemos discutir sobre los criterios para definir los umbrales de la sostenibilidad del nivel de endeudamiento, y sobre otras cuestiones; pero repito: nadie pone en duda la necesidad de atajar el déficit y de afrontar la disminución de la deuda pública y privada. En cambio, señorías del PP, señor ministro, no todos compartimos que es necesario disponer de estímulos económicos que nos permitan relanzar la economía y crear empleo. Soy de los que creen que la mejor fórmula sería plantearse el doble objetivo: reducción del déficit y de la deuda, y que nuestra economía crezca; compromiso de pago y políticas de estimulo económico, porque  el crecimiento de nuestra economía es la mejor garantía, o la única garantía, de que podremos pagar nuestras deudas y de que podremos acceder al crédito con intereses razonables.

Por ahora, con estas reformas legislativas el único mensaje que mandamos es que queremos pagar y para reafirmarlo hasta cometieron la torpeza de reformarla Constitución. El problema es que nuestros prestamistas lo que miran no es si queremos pagar, es si realmente podemos pagar; y si los intereses suben al seis y pico por ciento quiere decir que los prestamistas no tienen claro que podamos pagar o exigen un nivel muy alto de interés por el elevado riesgo de nuestros bonos. Aquí está la disyuntiva: no se trata solo de plantearse que hay que pagar − en eso, todo el mundo está de acuerdo −, sino también de plantearnos el como crecer económicamente para crear empleo y disponer de los ingresos que nos permitan ir devolviendo los créditos y a intereses razonables. Les proponemos una gestión de nuestra deuda más realista y razonable para evitar que su devolución no ahogue el relanzamiento de nuestra economía. Ustedes, señorías, y se lo digo especialmente al Gobierno del PP y al grupo que le da apoyo, no acaban de interiorizar esto. Toda la Cámara está de acuerdo en que no podemos seguir con estos déficits; en cambio, ustedes no asumen de manera activa, no hablo de la teórica, que hay que disponer de estos estímulos económicos para el relanzamiento de nuestra economía.

Y a partir de aquí, ¿cómo hacer compatible la reducción progresiva del déficit y la deuda con la liberación de recursos para estimular nuestra economía? Solo hay una solución: alargar los plazos, ya que España ni puede ni debe reducir su déficit al 3% del Producto Interior Bruto en 2013. Necesitamos más tiempo, plazos más largos para ajustarnos al objetivo del déficit del 3% del PIB y así poder liberar recursos públicos para relanzarla economía. Y necesitamos, claro está, un proyecto claro de nuevo modelo económico.
España, decía antes, ni puede ni debe plantearse este objetivo de reducción, porque es imposible de cumplir. Habiendo cerrado el ejercicio de 2011 con un déficit del 8,5% del PIB, es inimaginable, es un suicidio, proponerse llegar al 3% en 2013. Y no es que se lo diga yo, es que lo dice el Fondo Monetario Internacional, que calcula que solo llegaremos al 3% en 2018; lo dicela Fundación de las Cajas de Ahorros, que prevé un déficit para 2012 del 6,2%; lo afirma el Goldman Sachs, que, al día siguiente de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado, decía que el déficit sería del 6,7% en 2012. Con una economía en recesión, con una tasa de desempleo del 24% y del 50% en empleo juvenil, con la caída del consumo, creo que nadie se puede plantear, con responsabilidad, que la única prioridad es la disminución del déficit. Lo único que consigue la insistencia en esta política es deprimir más nuestra economía: provoca la caída del consumo, reduce los ingresos públicos e incrementa los gastos, además de los recortes en nuestro Estado del bienestar. Vamos de cabeza hacia graves problemas sociales y estamos en puertas profundas rupturas en nuestra cohesión social y territorial.

Creo que las políticas del PP adolecen fundamentalmente de dos graves defectos. El primero, es que su objetivo de recuperar la confianza lo basan en gestos, algunos de ellos grandilocuentes y vacíos, y no en la seriedad de unas políticas realistas y responsables sostenidas en el tiempo; una seriedad imprescindible para recuperar la confianza de nuestros prestamistas, de los Gobiernos dela Unión Europea y de sus opiniones públicas, y sobre todo la confianza de los ciudadanos y ciudadanas españoles.
Posponer la aprobación de los presupuestos más importantes de nuestra democracia para ver si así se podían ganar las elecciones andaluzas o asturianas, no es serio.
Presentar unos presupuestos que no se cree nadie no es serio.
Anunciar a las pocas horas un nuevo recorte de 10 000 millones de euros en sanidad y educación no es serio.
Seguir planteando proyectos de infraestructuras no prioritarias, como el corredor central, rescatar dos autopistas arruinadas en Madrid, o seguir con las grandezas de la apuestas del AVE − y más, viendo el estado de la red de Cercanías − no es serio.
No reformar el sector financiero a fondo, afrontando en primer lugar la situación de Bankia, no es serio.
Hacer todo lo contrario a lo prometido en las elecciones no es serio − les hablo del copago o de la subida de impuestos −.
Seguir pidiendo créditos, cuando el diferencial de la carga fiscal conla Unión Europeaes de siete puntos, no es serio.
Plantear una amnistía fiscal no es serio.Seguir manipulando con la herencia recibida no es serio.
Proponer este proyecto de ley, que no vamos a poder cumplir, no es serio.
Romper el diálogo social e ignorar una huelga general no es serio.

Como tampoco lo es seguir insistiendo en que la culpa del déficit es de las comunidades autónomas.Esto no es serio y, sobre todo, es falso.
Según los datos de Eurostat de 2010, el gasto público se repartía de la siguiente manera: 44%, el Gobierno central; 39%, las comunidades autónomas; y un 17%, las entidades locales. La distribución de la deuda era la siguiente: 77%, Administración central, y comunidades autónomas, sólo el 17,55%, cuando el gasto que soportan es del 39%.

Yo creo, señorías del Grupo Popular, que ustedes han perdido en muy poco tiempo mucha credibilidad; recuperarla pasa por hacer propuestas razonables y viables, y no por presentar este proyecto de ley. El problema de España no es tanto sus cuentas públicas, no es tanto la herencia recibida, como la desconfianza que inspiran la evolución de su economía, los efectos de la absorción de la crisis inmobiliaria, la elevada deuda privada y el impacto de todo ello sobre su sistema financiero. Este es el problema real de España y esto es lo que realmente preocupa en el resto del mundo.

Un segundo defecto de ustedes es su ideologismo, que contamina muchas de sus decisiones. En esto no están solos: otros Gobiernos −Merkel en Alemania y, hasta ahora, Sarkozy en Francia− compartían sus rigideces ideologistas. La consolidación fiscal como única política de la Unión Europea es para nosotros un suicidio, y creo que también para el mismo proyecto de Europa; seguir creyendo, en una economía globalizada, que disminuir impuestos significa mayor inversión y consumo es irreal. Pero lo más preocupante de este ideologismo es, a mi entender, por el impacto negativo que tiene sobre el modelo social europeo, el convencimiento profundo que tienen ustedes de que nuestras economías no pueden ser competitivas si deben soportar un Estado del bienestar, una fiscalidad, derechos laborales y limitaciones ambientales y sanitarias; esto, para ustedes, impide que nuestra economía sea competitiva. ¿Y cuál es su respuesta? Pues el desmantelamiento del Estado del bienestar, la desfiscalización, la reducción de derechos laborales y mandar al ostracismo cualquier tipo de política ambiental, como están demostrando en estos cuatro meses. Se da así la paradoja de que Europa, en vez de exportar el Estado del bienestar, va a importar la sociedad de la precariedad.

Insistir en una mayor austeridad fiscal es un suicidio, ya lo he dicho antes; los resultados son fáciles de ver: una mayor depresión de nuestra economía. Y como los prestamistas lo que miran, a la hora de valorar nuestra capacidad para pagar la deuda, es el estado de nuestra economía, el resultado es la subida de los tipos de interés. Los problemas que crea la austeridad son mayores que los que resuelve. Europa debe hacer políticas distintas; es más, no podemos olvidar que una unión monetaria no puede darse sin una mayor integración política y no puede sobrevivir sin una legitimidad política. Y vamos a peor, señorías. La percepción ciudadana es negativa. Existe un profundo malestar y desconcierto, la desafección política sigue creciendo. Desde el punto de vista territorial − y hablo de Catalunya −, en unas circunstancias tan adversas, nuestro déficit fiscal o el incumplimiento de los compromisos financieros recogidos en el Estatuto, se viven muy negativamente. Y no me refiero solo a los sectores más extremos o más radicales; la centralidad de nuestro pueblo, de sus fuerzas políticas, del arco parlamentario, vive muy negativamente nuestro déficit fiscal y vive muy negativamente el incumplimiento de compromisos financieros que se están produciendo.

Creo que es el momento de rectificar y de forzar el debate enla Unión Europea con cuatro cosas claras: en primer lugar, compromisos claros y realistas sobre la corrección del déficit y la devolución de la deuda; en segundo lugar, la necesidad de estímulos para el relanzamiento económico; en tercer lugar, la necesidad de alargar los plazos de reducción del déficit; y en cuarto lugar, aunque profundamente europeístas, nadie –ni la UniónEuropea, ni Angela Merkel, ni nadie- nos puede pedir que nos suicidemos.

Estas son las razones por las que hemos presentado este veto, para el que pedimos el voto.
Gracias, señor presidente.

6.2.1.   Proyecto de Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Se tramita por el procedimiento de urgencia.(Núm. exp. 621/000002)Enmiendas.

El señor GUILLOT MIRAVET:
Gràcies, president.

Señorías, voy a defender estas enmiendas en el marco del debate de hoy: las políticas y la realidad de la coyuntura económica.

En primer lugar, yo respeto mucho el convencimiento, la pasión, la vehemencia, el orgullo de partido de todos los portavoces, pero les pediría, sobre todo a usted, señora Angulo, que no me dé lecciones; que no me dé lecciones, y menos si no se las pido, pero sobre todo que no embarulle.

El señor Saura y yo  −como nuestra única experiencia es de Gobiernos municipales y del Gobierno de la Generalitat de Catalunya−  nos vemos capaces de afrontar donde quieran y cuando quieran un debate sobre la gestión del tripartito y la gestión de la Comunidad Valenciana. Y donde quieran y cuando quieran discutiremos sobre la gestión del Ayuntamiento de Barcelona, que gobernamos junto con los socialistas, y sobre la gestión de Madrid, del señor Ruiz-Gallardón. Cuando quieran; cuando quieran. (Aplausos.)
Y digo que sea un poco humilde, porque añadiré otra cosa. Yo he votado dos presidentes, Maragall y Montilla; la Generalitat ha tenido cuatro, además de estos, Jordi Pujol y Artur Mas. Ninguno de ellos, ninguno de los cuatro me ha avergonzado nunca, y ninguno de los cuatro ha pisado un juzgado jamás. ¿Usted puede decir lo mismo? (Aplausos.) No, para nada; para nada.

Hoy estamos hablando de este proyecto de ley, de su coyuntura económica, de las políticas de respuesta que el Gobierno del PP está dando a la situación de crisis, y nosotros, el senador Saura y yo −no el grupo de la Entesa− creemos sinceramente que es imposible, y por otra parte no es conveniente, llegar a la reducción del 3% en 2013. Y no la líe, que no estoy hablando de 2117. Estoy diciendo que hay que alargar los plazos, ¿por qué 2013 y no 2015 o 2016, como propone la Confederación Europea de Sindicatos? Si usted cree que sí, dígalo, no me hable del tripartito. Dígame que España, que cerró con un 8,5% de déficit del PIB en 2011, es capaz de llegar a este objetivo, diga lo que diga el Fondo Monetario Internacional, diga lo que diga Funcas, digan lo que digan las agencias de calificación. Dígalo, pero luego no me diga: lo siento, me equivoqué, no lo volveré a hacer, porque ustedes saben que no pueden llegar y si no lo saben es que tienen un problema de percepción de la realidad más que preocupante. Esta es la primera cuestión que he planteado en el veto y en las enmiendas.

La segunda cuestión es que ustedes siguen reiterando en las propuestas legislativas que España quiere pagar, que España se compromete a pagar sus deudas y a reducir su déficit. El problema es que a los prestamistas esto tanto les da, lo que quieren saber es si realmente podemos pagar, y para poder pagar hace falta crecimiento económico, y para que haya crecimiento económico hacen falta estímulos, y para que haya estímulos hay que liberar recursos, y para poder conseguirlo es por lo que hay que intentar alargar el tiempo de reducción del déficit. ¿Tan difícil es de entender? ¿No les causa ninguna congoja ver que nuestros intereses están a más de 6 puntos, que la prima de riesgos está por encima de 400, que la bolsa está en caída libre? ¿No les preocupa lo más mínimo? ¿Usted cree que esto se resuelve con un proyecto de ley que, en definitiva, dice que a lo que nos propone la Unión Europea, nosotros taza y media más? Nosotros, déficit cero, cuando la Unión Europea permite el 0,5. Es decir, nosotros, endurecer todo un poco más. Lo encuentro patético, inútil, porque si ya no somos capaces de cumplir con lo que hay, ¿a qué viene endurecer aún más las propuestas de la Unión Europea? Lo encuentro absurdo, infantil.
Por eso, nosotros hemos presentado estas treinta enmiendas, que tienen como objetivo, en primer lugar, situarnos en la realidad, afrontar que el déficit es un reto, que este reto lo tenemos que conseguir, pero para poder conseguirlo sin que esto represente un suicidio, una hecatombe de nuestra economía y de nuestra cohesión social, necesitamos algo más de tiempo. En segundo lugar, hay que priorizar en el gasto público los servicios fundamentales. Y en tercer lugar, recuperar aquellos criterios que plantea la Unión Europea, no esas exageraciones que ustedes plantean y que, insisto, son un brindis al sol, son infantiles, y, por otra parte, no tienen ningún tipo de credibilidad ni para el resto de Gobiernos de la Unión, ni para los prestamistas.

Todo esto justifica las enmiendas que hemos presentado, en el sentido de flexibilizar, racionalizar y hacer más real este Proyecto de Ley de Estabilidad Presupuestaria.
Señorías, insisto, ustedes tienen la mayoría absoluta, ustedes conocen la realidad, a ustedes les toca decidir, pero tengo el firme convencimiento de que, tal como va la orientación actual de España, vamos al desastre. El desastre social ya se está confirmado con el elevado número de paro, con las dificultades de todo tipo que provoca la elevación de los costes, el crecimiento de la vida y  las dificultades cada vez mayores que existen para el acceso a los servicios universales. Pero lo que más me preocupa es que ustedes no sean capaces de entender una sola cosa: que hay que invertir en nuestra economía para que esta crezca y, a partir de este crecimiento, poder pagar deudas, crear empleo y garantizar el acceso a intereses a un tipo razonable. Si no lo entienden, suya es la responsabilidad.
Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.)

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