“Santiago Carrillo.”

Últimamente, en el blog, cuelgo más mis intervenciones en el Senado que no artículos. Debo tener cierta pereza junto con el afán de usar el blog como archivo de lo que hago y digo en mi trabajo institucional. En este nuevo curso me hago el propósito de ir escribiendo mis opiniones sobre la actualidad. Intentaré cumplir este auto emplazamiento! 

La muerte de Santiago Carrillo es buen acicate para empezar a escribir.

Le conocí personalmente en la campaña de las primeras elecciones al Parlament de Catalunya (1980) en un mitin, en L’Hospitalet de Llobregat. Que nadie se lleve a engaño, no han sido 32 años de relación. Sólo en estos últimos años pude ver realizado mi sueño de poder charlar en varias ocasiones con él, ya que fue siempre un personaje que admiré y respeté.
El hecho de haber conocido de cerca a muchas de las personalidades del PCE y del PSUC, me han curado de cualquier mitomanía, pero Carrillo era especial, singular, como lo era el Guti, dos personajes distintos pero para mí especiales.

Llegué a poder hablar de todo con Santiago: la guerra civil, incluido Paracuellos, la formación de la JSU, los maquis, la clandestinidad, la transición, su opinión y relación con otros dirigentes comunistas; Comorera, Semprún, Claudin y tantos otros, así como de dirigentes de otros países, especialmente del PCUS.
Lo que siempre me sorprendió de Santiago Carrillo, protagonista de una vida completa y azarosa, con sus claros y sombras, dirigente comunista en un periodo tan difícil de nuestra historia, es que nunca, nunca, le oí una autocrítica ni un arrepentimiento sobre ninguna de sus decisiones. Tocáramos el tema que tocáramos siempre defendía con vehemencia y firmeza sus actuaciones.
A estas alturas no sé si en el marco histórico que le tocó vivir y dirigir un partido, esta actitud es un defecto o una virtud. Seguramente, para poder aguantar 40 años de clandestinidad, debió de forjarse un carácter en el que las dudas no le estaban permitidas.

Descansa en paz, Santiago, te debemos mucho.

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