“El fin de los centrismos territoriales.”

Publicat al diari digital Nueva Tribuna el 24-11-2012.

En la sociedad catalana se están produciendo  movimientos de sus capas tectónicas que sería bueno que todos apercibiéramos, tanto en Catalunya cómo en España.
El hartazgo acumulado, con la situación y el trato que recibe nuestro autogobierno, ha ido generando un malestar nacional que se ha transformado en una amplia mayoría social que reivindica el derecho a decidir y soberanía. Seguro que la crisis económica ha sido un buen caldo de cultivo para esta radicalización y para la aparición de un nacionalismo económico, pero el fenómeno viene de lejos.
Es, también, ampliamente compartida la opinión de que padecemos un injustificado déficit fiscal con España, lo que permite a algunos en Catalunya utilizar munición de gran calibre como expolio fiscal, “España nos roba” etc. Muchas voces en España acusan a Catalunya de egoísta.  Lo cierto es que en tiempos de crisis, todo lo que se da es demasiado, para unos y todo lo que se recibe es poco, para otros.

Existe también un descuelgue afectivo más que preocupante. Hoy, en Catalunya, poco importa si en España se entienden o comparten nuestras reivindicaciones. La etapa de la pedagogía sobre la España plural en la que encajar a Catalunya está superada por fracasada. Si hubiera que poner fecha al fracaso es la de 28 de junio del 2010, día en que se hizo pública la sentencia del Tribunal Constitucional. El catalanismo, que no el nacionalismo, había entendido, y esta era su estrategia, que una lectura abierta de la Constitución  permitiría ir pactando una progresiva federalización del estado. La sentencia del TC y la reacción del PSOE y el PP, ponen fin a esta vía. En nombre de la Constitución, el alto tribunal, impide que ésta sea el marco jurídico y político para articular la diversidad del estado, ¡Menuda Paradoja! El PP aplaude la sentencia y el PSOE, en el gobierno, no acepta ni la propuesta catalana de recuperar aspectos laminados, por la decisión del TC, mediante leyes orgánicas y mucho menos oír hablar de reformar la Constitución. Escuchar estos días a Rubalcaba en la campaña electoral catalana yendo de federalista me confirma que es un gran cínico.

Al igual que no hay vuelta atrás y nada será igual después de la crisis, tampoco lo serán las relaciones de Catalunya con el Estado después de la sentencia del Constitucional.
Antes hacía referencia del descuelgue afectivo de una parte muy considerable de la sociedad catalana hacia España. Las declaraciones de irresponsables como Monago, Wert, Vidal Quadras o Fernández Vara, Bono,… entre otros, refuerzan esta desafección. La amenazas con el articulo 155, de disolución de la autonomía, o la más grave aún de amagar con el articulo 8, que encomienda a las FFAA garantizar la integridad territorial, o con el código penal, caen en saco roto. Tampoco dan demasiado resultado el apelar a la responsabilidad frente a la crisis, ni jugar con los pretendidos intereses económicos del empresariado catalán ni con la hecatombe que conllevaría un proceso de independencia para Catalunya. Las amenazas no sirven sino para encrespar más los ánimos.
Estamos frente a un conflicto abierto entre las aspiraciones nacionales de Catalunya, que son la suma de intereses materiales, competenciales, identitarios y de hastíos, y el nacionalismo español. Conflicto real, que aceptamos y en el que los federalistas catalanes participaremos con  fuerza y propuestas. Es el fin de los centrismos en las relaciones entre Catalunya y el Estado. Y lo es por dos principales motivos: el primero, por el agotamiento de la vía del pacto y por el bloqueo jurídico y político que representa la sentencia del TC sobre L’Estatut.  Y el segundo, porque en España no hay partidos federalistas que actúen como tales, a excepción de IU. Y no los hay porque de la misma manera que el anticatalanismo da votos, el federalismo consecuente los quita. El bipartidismo dominante en la política española se caracteriza por un agresivo españolismo del PP y por la extrema pasividad federalista del PSOE (por no hablar de los, Bono, Rodríguez Ibarra, Fernández Vara…)

Los protagonistas sociales, en Catalunya, son amplios sectores de las clases populares y las capas medias urbanas y rurales, y con una composición muy transversal y diversa. La alta burguesía catalana no es protagonista de nada, especular que el alcance de esta crisis de relaciones vendrá determinada por la postura de las grandes fortunas o dirigentes económicos, es no entender nada. Los protagonistas políticos serán los que determinen los resultados de las próximas elecciones al Parlament de Catalunya, del 25 de noviembre.

¿Existe el riesgo de ruptura de la unidad civil del pueblo de Catalunya? Si, claro que si. Los sentimientos identitarios en Catalunya son complejos y superpuestos. Hay sectores de la sociedad catalana que no nos sentimos identificados ni representados por el imaginario de país que el nacionalismo convergente ha construido. Y no se puede ignorar que existe un espacio electoral para partidos claramente españolistas como el PP o Ciutadans.

¿Cuál debe ser la respuesta? Una propuesta federalista. ¿Por qué federalista? Por dos grandes razones. La primera por ser la más inclusiva y que mejor puede garantizar la unidad de la sociedad catalana, seguir haciendo real aquello de “Catalunya, un sol poble”. La segunda, es por creer firmemente que en el actual proceso de globalización los procesos de agregación, que solo pueden ser de carácter federal, se inscriben en el conflicto histórico. Los de segregación son conflictos corporativos. Como corporativa es la voluntad del PP de imponer el actual “status quo”.

En esta última etapa la sociedad catalana se ha radicalizado, se ha producido un desplazamiento del eje nacional hacia posiciones más soberanistas. Instalarse en la falsa creencia de que estamos frente a un “subidón” nacionalista fruto de la manipulación de CiU y sus medios de comunicación es un grave error. Si uno analiza atentamente todos los estudios de opinión y encuestas verá que el malestar nacional es muy transversal y mayoritario; el 80% defienden un nuevo estatuto fiscal, el 70% sería favorable a un referéndum o consulta sobre el nexo entre Catalunya y España, y el independentismo sigue creciendo. Creer que una manifestación tan masiva como la del pasado 11-S, en Barcelona es consecuencia de esta manipulación, es no entender nada de nada.
Estamos frente a una etapa de conflicto en las relaciones entre Catalunya i el Estado, que no será corta y conllevará fuertes tensiones. Conflicto que no se resolverá con amenazas ni con decisiones unilaterales de independencia.

La izquierda federalista sí quiere romper con la hegemonía conservadora, sea esta de cuño españolista o soberanista, debe participar en el debate territorial explicando en primer lugar su modelo alternativo de país y de sociedad, y más en tiempos de crisis. Debe tener claro, en segundo lugar, que en un estado plurinacional, como es el español, pertenecer a él no es una obligación perpetua, como afirman los redactores del manifiesto “Crida per una Catalunya federalista i d’esquerres”, es por ello inaplazable el reconocimiento del derecho a decidir del pueblo catalán.
La opción para mi más realista sería la de construir un frente unitario en Catalunya que reclamara una reforma profunda de la Constitución que permitiera no solo incorporar el derecho a decidir sino también cambios en aquellos aspectos hoy en debate como es el del déficit fiscal.

La campaña electoral que hoy cerramos ha girado, como no podía ser de otra manera, sobre España y Catalunya. ICV la ha orientado en hablar mucho del presente, de sus graves problemas, del modelo de sociedad y país que queremos construir, y reivindicando el derecho a decidir. Derecho que se ejercerá en una dirección u otra dependiendo, también de la receptividad del estado hacia la “cuestión catalana” que de existir, existe.

Nota a pie de página: “es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que Artur Mas declare la independencia”.

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