“Proposición de Ley para la regulación de la tauromaquia como patrimonio cultural”

Intervención en el pleno del Senado, 6-11-2013.

Senyor President.
Señorías.

Sorprendidos hoy, de que la primera iniciativa legislativa en materia cultural de este gobierno sea esta proposición de ley sobre la tauromaquia.
Extrañados de que una ILP, apoyada por el PP, nos llegue al Senado con un articulado que poco tiene que ver con la voluntad de sus firmantes reflejada en el título y el texto original.

Hoy discutiremos sobre si la tauromaquia es cultura o tortura, y según cual sea la respuesta qué actitud deben mantener los poderes públicos respecto al maltrato y muerte de los toros en este tipo de espectáculos. Hoy reflejaremos, cuando expongamos nuestros argumentos, cuales son los valores que creemos deben inspirar a la sociedad española del siglo 21.
Hoy hablaremos de valores morales y éticos. Discutiremos fundamentalmente de valores. De valores morales y éticos.

El senador Saura y yo presentamos este veto en representación de Iniciativa per Catalunya Verds, partido que votó a favor de la prohibición de las corridas de toros en el Parlament de Catalunya, y que se opone y así lo ha expresado en debates y votaciones, a todo espectáculo que comporte maltrato animal, ya sean correbous, bous capllaçats , bous embolats, etc. Presento este veto, insisto, siendo miembro de un partido que es un firme y coherente opositor a cualquier tipo de maltrato animal.

Hoy debatimos y votaremos esta proposición de ley que nace del impulso de la ILP para la regulación de la fiesta de los toros como Bien de Interés Cultural. Quiero en primer lugar expresar mi respeto democrático a tal iniciativa, aunque no comparta ninguno de sus objetivos.
¿Qué proponían los firmantes de la Iniciativa Legislativa Popular? Permítanme un breve resumen:

–          Artículo 1. Afirmar que la fiesta de los toros constituye un bien cultural de carácter global que abarca la totalidad del territorio nacional. También Catalunya.
–          Artículo 2. Protección de la fiesta de los toros como Bien de Interés Cultural y que será de aplicación en todo el territorio nacional. También en Catalunya.
–          Artículo 3. Que los poderes públicos velen por la promoción y desarrollo de la llamada “fiesta”.
–          Artículo 4. Su fomento, protección de la actividad taurina, creación de materias universitarias, acceso de los menores de edad. Y por último instar al gobierno para que las corridas de toros sean declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
–          Artículo 5. La protección económica de la “fiesta”.
–         Y una disposición derogatoria de cuantas disposiciones de igual o inferior rango se opongan a lo establecido por la presente ley. Dejar sin efecto la ley del Parlament de Cataunya de prohibición de las corridas de toros.

Es evidente, leyendo este articulado, que esta ILP es la reacción a la decisión del Parlament de Catalunya de prohibir las corridas de toros. Una ILP que tiene como objetivo blindar las corridas y revertir la decisión del Parlamento catalán.

¿Qué nos propone el PP con la proposición de ley que hoy debatimos?

–          Desaparece la declaración de las corridas como Bien de Interés Cultural.
–          Desaparece la creación de materias universitarias. El acceso de menores.
–          Desaparece la protección económica de la “fiesta”.
–          Y la disposición derogatoria.

Señorías,  yo les diría a los señores y señoras impulsores de la ILP, que la decisión del Parlament de Catalunya prohibiendo las corridas de toros, según nuestro actual ordenamiento constitucional, solo la puede derogar el mismo Parlament de Catalunya. Esto es lo que explica que el principal objetivo de la ILP, la declaración de las corridas como Bien de Interés Cultural, no esté hoy a votación. Y no lo está porque es legalmente imposible. La Constitución no permite ni desautorizar al Parlament en estas materias, ni imponer las corridas de toros en todo el territorio del estado. Esta es la realidad.

Entrando a valorar los contenidos de la proposición de ley.
El  Diccionario de la Real Academia de la Lengua define por tauromaquia el arte de lidiar toros.

En el preámbulo, los redactores lo amplían no solo a las corridas de toros sino también al conjunto de tradiciones y festejos populares vinculados al mundo del toro. No sé si es para incluir también al toro de la vega de Tordesillas, o en su momento el toro de Coria, o para afear aquellos que siendo contrarios a las corridas son partidarios de los correbous. Esta homologación me motiva una primera reflexión- ¿el toro de la Vega o el toro de Coria, o el bou embolat (se prende fuego a los cuernos del toro pringados de brea) son manifestaciones artísticas en las que se resaltan valores profundamente humanos como pueden ser la inteligencia, el valor, la estética, la solidaridad, o el raciocinio como forma de control de la fuerza bruta? En qué lado está la fuerza bruta, señorías. Yo creo que estamos hablando de verdaderas salvajadas impropias de una sociedad del siglo 21. No me olvido de las corridas de toros, luego me referiré a ellas.
Otra justificación de la proposición es que la tauromaquia forma parte de nuestro acervo cultural. El toro ha formado parte de la cultura mediterránea, es cierto. Las corridas formaron parte de nuestra cultura, entendida ésta como modos de vida y de costumbres. En Barcelona llegaron a funcionar hasta tres plazas de toros – Las Arenas, La Monumental y una tercera en la Barceloneta. Les recomiendo leer la intervención en la pasada legislatura del que fue portavoz de PP y hoy preside esta cámara Pio García Escudero. En ella encontrarán un emotivo y prolijo relato de la relación del mundo del arte con el del toro.

Pero señorías; fue. Estamos hablando del pasado, no del presente ni del futuro. La cultura de presente, entendida como el conjunto de conocimientos que permite a las personas desarrollar su juicio crítico, pone en cuestión, también en España y de forma mayoritaria, cualquier maltrato gratuito de los animales, y ese maltrato animal, permítanme ser más claro, es tortura, que no cultura.

El toro, las corridas han sido glosadas por poetas, escritores, pintores etc. ¡Sí! Pero en el pasado, en el pasado reciente, pero en el pasado. Díganme un pintor o poeta de hoy en día que glose las corridas. Ninguno. Bueno sí; el Fari.

Señorías, mal vamos si España precisa para construir su identidad la tortura y muerte del toro.
Dejaré de lado las becerradas, novilladas y las corridas de rejones para explicar someramente en qué consiste la expresión más alta de la tauromaquia: la corrida de toros de lidia. La más estética, la que reúne al parecer de los taurinos más arte, la más glosada.

Permítanme una aproximación a la corrida desde una realidad pocas veces explicada.

Las corridas están minuciosamente regladas. En ellas se torean reses de lidia de más de 4 años y menos de 6.

La corrida consta de tres tercios:
El primero es el tercio de varas. Después de los pases de capote necesarios se enfrenta el toro a un picador cuyo cometido es clavarle una puya. Una puya, señorías, es un instrumento cortante y punzante con tres aristas afiladas de 2’9 cm de largo y 1’9 de ancho, con 5 cm de cuerda encolada. Los puyazos tienen como objetivo debilitar al toro cortando músculos, tendones, ligamentos, arterias y venas. Afectarán al plexo braquial y frecuentemente provocan en el toro un neumotórax. El toro perderá entre un 8% y un 18% de volumen sanguíneo.
El segundo tercio es el de banderillas. Son unos arpones de 4 cm de largo y 1’6 cm de ancho. Ahondarán el daño, y el sufrimiento, ya infligido por los picadores. Se incrementará la pérdida de sangre.
Y el tercer y último tercio es el de la muerte, el llamado también de la suerte suprema. En éste, una vez agotado el toro por los pases de muleta, el matador le clavará un estoque de 88 cm de largo que solo en un 20% de las ocasiones consigue seccionar la vena caudal y la aorta posterior provocándole al toro una fuerte hemorragia interna que le llevará a una muerte rápida.

En el 80% de los casos restantes normalmente  se lesionan los pulmones, muriendo el toro por asfixia. Si la res tarda mucho en morir se la puede descabellar, es decir seccionar la medula espinal y apuntillar destrozándole el bulbo raquídeo.

Sufre el toro, si, indudablemente.  Lo afirman los veterinarios
.Y nos lo recuerdan los tratados de la Unión Europea cuando establece que los estados miembros tendrán plenamente en cuenta las exigencias en materia de bienestar para los animales considerados como seres sintientes.

¿Y esto es para ustedes cultura? Lo pregunto con la sensibilidad y desde los valores de una sociedad avanzada del siglo 21. No, es llanamente un espectáculo en el que se tortura y mata a un animal, esto si de forma reglada y con mucho arte y estética.

¿Cree alguien que la UNESCO va a declarar algún día la tauromaquia como Patrimonio inmaterial de la Humanidad? Nunca.

¿Esta debe ser parte de la Marca España? Ustedes conocen el rechazo de este tipo de espectáculos en los países que nos interesa mejorar su opinión sobre España. Es total.

¿Debemos educar a nuestros hijos en la cultura de preservar el bienestar animal o en la de los espectáculos en los que se tortura y mata?. ¿Es adecuado que nuestra radiotelevisión pública emita corridas de toros en horarios de especial protección infantil?

El PP ha hecho de la defensa de las corridas de toros una incomprensible batalla ideológica. No les entiendo, como creo que no les entiende ningún partido conservador de la Unión Europea.

Ustedes dan por supuesto un amplio apoyo social a las corridas. Es falso, todo lo contrario.  Han llegado a afirmar que los espectáculos taurinos son el segundo espectáculo de masas, detrás del fútbol. Otra mentira. Los espectáculos taurinos se han reducido un 54% de 2007 a 2012. Según la última encuesta de hábitos culturales y de ocio del Ministerio de Cultura del 2011, solo el 8% de la población ha ido alguna vez a algún espectáculo taurino. No sirve ni la excusa de que es un espectáculo popular de masas. Y no es un espectáculo seguido, porque hiere la sensibilidad y los valores mayoritariamente presentes hoy en nuestra sociedad. Para la mayoría de la ciudadanía las corridas de toros ni son fiesta ni es nacional.

Las corridas, así como cualquier otro espectáculo que comporte muerte y maltrato animal están condenadas a su desaparición, será más pronto que tarde. Y este tipo de propuestas legislativas como la que hoy nos presentan señala el declive, el ocaso y la pronta desaparición de las corridas de toros.

Fruto de este rechazo social se explica su inviabilidad económica. Las corridas de toros solo son viables económicamente con las ayudas públicas y los privilegios fiscales. Ayudas más que cuestionables, siempre, y mucho más en estas difíciles circunstancias que sufre nuestra sociedad. La tauromaquia ni representa el 2’4% del PIB, todo el sector primario es del 2’7%, ni representa un flujo económico socialmente útil ni éticamente oportuno. Detrás de toda esta hojarasca declarativa de identidades y patrimonios culturales, asoma con fuerza la principal preocupación del sector de intereses ligados a las corridas, su viabilidad económica tanto de los espectáculos como la propia explotación ganadera. Nos hablan de trascendencia económica de la tauromaquia cuando lo que hacen es sobrevivir a base de dinero público. Nos oponemos a rescatar un sector en decadencia, prescindible y contradictorio con los valores morales y éticos actuales.

Las sociedades van cambiando su relación con la naturaleza según los distintos contextos socio-históricos que viven. Hoy la ética ecológica, la sostenibilidad, la conservación, la biodiversidad y el rechazo al maltrato animal, son nuevos valores que impregnan los comportamientos sociales. No está pasando solo en España. Otros países con ancestrales costumbres que comportaban maltrato animal han ido abandonando y prohibiendo estas prácticas, como Italia y el Reino Unido.

En la defensa de la proposición de ley, el portavoz del PP ha utilizado argumentos de todo tipo; culturales, estéticos, tradiciones, economía,.. Ningún argumento moral o ético, porqué señorías, no es un debate solo entre emociones o sensibilidades distintas, es un debate entre el mal necesario y el mal innecesario. La moralidad o inmoralidad de infligir daño a un animal.

Y es cierto, me dirán, que hay diferentes moralidades y éticas, sí. Pero más cierto es que hay valores más extendidos, más compartidos que otros. Y uno es la ética de la responsabilidad, de la responsabilidad con la vida. La ética, la de hoy, no la de ayer, amplía nuestra responsabilidad a los seres no humanos. Y esto es así porque somos la única especie que puede decidir sobre otras. Y créanme, como se demuestra a lo largo de la historia, todo argumento ético es más sólido, más perdurable, más vinculante que los que se basan en la historia, tradiciones,  costumbres, usos o modas.

La crueldad, y las corridas son un espectáculo cruel, es indigna de las personas. La crueldad no es una ley natural. No es propia de quien tiene la tutela sobre otros seres vivos. Nos deshumaniza.

La moral de respeto a los animales es la misma moral de respeto a los humanos. El trato a los animales expresa y pone a prueba el trato que la sociedad se da a sí misma y el concepto que de ella misma tiene. Tenemos el deber, la exigencia moral de ser humanos, no inhumanos, con los animales. Con los toros,  también.

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