Día 13 y 14 de diciembre.

Fin de semana. Hoy hablaré del Senado, de mis impresiones. Quien quiera detalles menos subjetivos, puede ir a la web del Senado y seguro que encontrará una información más detallada.

Primero, el edificio, o mejor dicho los edificios, ya que son dos: el viejo Senado, un noble e incómodo palacio en el que destaca su biblioteca, de estilo neogótico inglés –los escolares que la visitan suelen exclamar “¡Mira! ¡Como la biblioteca de Harry Potter!”–. Y el Senado nuevo, asentado sobre un antiguo cuartel militar. En él, durante el franquismo, estaba el Tribunal Militar para la Represión del Comunismo y la Masonería. El senador del PSC Isidre Molas nos contó que la primera vez que pisó este edificio fue en 1963, para ser juzgado como militante del FOC, versión catalana del FLP. Paradojas de la vida: de preso político a vicepresidente del Senado.

El nuevo Senado, donde están el hemiciclo y los despachos de los senadores y senadoras, es un edificio de los llamados “inteligentes”; su inteligencia se reduce a que no hay ventanas, todo es cerrado y enfermizo. Lo habitual es que después de largas sesiones salgas con dolor de cabeza y embotado, efecto contrastado con senadores y senadoras de todas las ideologías.

El Senado, como cámara parlamentaria, está en el ojo del huracán. Mucha gente, cada vez más, se cuestiona su utilidad y la justificación de los gastos que comporta. Solo han faltado los escándalos protagonizados por senadores –Bárcenas, Granados, Monago-, para profundizar en la crisis de legitimidad que atraviesa esta cámara parlamentaria. No tengo la menor duda de que si se preguntara a la ciudadanía qué hacer con el actual Senado, la respuesta sería que debe ser cerrado.

La verdad es que el actual Senado no tiene demasiado sentido. En la práctica, somos una cámara de segunda lectura en un sistema parlamentario en el que las leyes se aprueban en primera lectura en el Congreso, y de allí van al Senado, que las puede modificar, para volver al Congreso que acepta o no las modificaciones introducidas en el Senado a la ley. Una ley en España tiene tres lecturas. Hay quien argumenta que tener una cámara de segunda lectura permite una tramitación más reposada de las leyes. No lo creo, pues hay sistemas unicamerales en países de nuestro entorno que la tienen resuelta a menor coste.

También se afirma que el Senado es la cámara territorial por excelencia. Esto es un tópico y una falsedad, en realidad. Como en tantas otras cuestiones del modelo territorial que define la Constitución de 1978, el Senado está a medio camino entre el Estado centralizado y el Estado autonómico. Donde se refleja de manera más clara esta afirmación es en el sistema de elección: una parte se elige por sufragio universal a nivel provincial en las elecciones generales y otra parte, la menor, de senadores y senadoras, se eligen en sus parlamentos autonómicos. Las competencias territoriales del Senado se circunscriben básicamente a la Comisión General de Comunidades Autónomas y sus competencias, que no se convoca casi nunca. En estos tres años de legislatura se ha reunido 8 veces. Tres de ellas, para nombrar ponencia, breve trámite. Sus reuniones han sido obligadas por la tramitación de tres leyes que, al afectar al modelo territorial, legalmente exigen el pronunciamiento de esta Comisión: LOMCE, Ley de Sostenibilidad Local (SAL) y reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha. En resumen: a pesar de que el reglamento exige que al inicio de cada legislatura el presidente del Gobierno presente su modelo territorial, esto no ha pasado casi nunca. De cámara territorial, nada.

Por no hablar de la proporcionalidad en la elección de los senadores y las senadoras. Valgan como ejemplo Castilla-León, que elige un total de 39 senadores y senadoras con una población de 2’5 millones de habitantes, y Madrid Comunidad, que elige 11 con una población de 6’5 millones. ¡Un disparate!

¿Tendría sentido, utilidad, un Senado que fuera expresión del plurinacionalidad de España? Yo creo que sí. En otros Estados compuestos de la UE existen senados que son la expresión y representación de los distintos territorios, y desarrollan una buena función de encaje de la pluralidad territorial.

Esta era la legislatura de la reforma del Senado. Iniciaremos en breve el último año de mandato y todo apunta a que el Senado no se va a reformar en un sentido territorial. Si no hay reforma a fondo del actual Senado, el clamor por su cierre se multiplicará.

Por cierto: es totalmente falso que haya una piscina en el Senado.

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