Día 24 de enero.

Un deleite para mí, los sábados por la mañana, es leer los artículos de Gregorio Morán y Juan-José López Burniol en la Vanguardia.

Me preguntan por qué no doy mi opinión personal sobre los personajes que cito o he conocido a lo largo de mi vida política. No pienso hacerlo por dos razones:

La primera es que considero de un gran atrevimiento opinar críticamente sobre nadie. Otra cosa es valorar sus decisiones u opiniones. Casi nunca me veo capaz de realizar juicios de intenciones sobre las personas; todas y todos somos demasiado complicados como para dictar sentencias en lo personal.

La segunda es que comparto la afirmación de Andreotti (algunas fuentes adjudican a su madre el comentario) de que, en política, si no puedes hablar bien de alguien, mejor que no hables.

Evidentemente, mi entorno personal queda fuera de cualquier relato.

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