Genocidio armenio

Moción presentada en el Pleno del senado, 13 de mayo de 2015

Senyor President,

Señorías,
Inicio mi intervención reiterando una vez más que debemos cumplir con nuestro compromiso, el de todos los grupos parlamentarios, de que reformaríamos el Senado en esta legislatura.

Esta es una moción muy sencilla. Su objetivo es que una cámara parlamentaria, el Senado de España, se pronuncie al igual que ha reiterado el Parlamento Europeo, el pasado 15 de abril, sobre el genocidio sufrido por el pueblo armenio bajo el Imperio Otomano, del que se cumple el primer centenario. La conmemoración del centenario de este genocidio es una buena ocasión para pronunciarnos sobre el mismo.

¿Fueron las matanzas y deportaciones perpetradas contra la población armenia en el Imperio Otomano un genocidio? Indudablemente lo fueron. Así lo contemplan la mayoría de historiadores, y señorías, que haya historiadores fundamentalmente turcos que lo nieguen, no quita razón. Y tampoco podemos ignorar que fueron las atrocidades cometidas contra los armenios las que motivaron a Rafael Lemkin a teorizar y acuñar la palabra genocidio. El exterminio de armenios iniciado el 1915 se inscribe de lleno en la definición que realizó Lemkin de genocidio al existir lo que él define como una conspiración, es decir “un plan coordinado que se dirige hacia la destrucción de los fundamentos esenciales de una nación”.

Señorías, no lo duden, existía un plan de limpieza étnica por parte de las autoridades otomanas que quedaría plasmado en la Ley de Traslado y Reasentamiento, aprobada el 27 de mayo de 1915. El mismo fundador de la Turquía moderna, Mustafá Kemal “Atatürk” reconoció y condenó el exterminio de los armenios. ¿800.000,  1 millón, millón y medio de víctimas? Cualquiera de estas tres cifras o cualquier otra da la dimensión de la tragedia.

¿Con esta moción una cámara parlamentaria, nosotros como senadores y senadoras, estamos supliendo el trabajo de los historiadores? No.
Nos apoyamos en sus conclusiones para realizar nuestro trabajo político que es el de pronunciarnos sobre algo que pasó, sí, hace 100 años y lejos de nuestro país, y lo tenemos que hacer por las siguientes razones:

  • Porque la historia nos ha demostrado como decía Primo Levi “que lo que ha sucedido puede volver”.
  • Porque forma parte de nuestras responsabilidades, el realizar la pedagogía necesaria sobre cuestiones tan dolorosas como el genocidio armenio, que desgraciadamente se han ido repitiendo a lo largo de la historia. Y es por ello, conscientes de estas responsabilidades, que las Cortes Generales han ido realizando pronunciamientos sobre cuestiones parecidas. Recuerdo hace pocas semanas el acto de conmemoración del holocausto judío, celebrado en el Senado bajo la presidencia del Rey.
  • Y, señorías, porque no hay verdadera reconciliación sin verdad.

Sería una afrenta a las victimas negar el genocidio. Olvidarlo o instalarse en una actitud equidistante sobre el mismo es una irresponsabilidad.

¿Por qué involucrar al Senado presentando esta resolución? Porqué creo sinceramente que es, también, la mejor aportación que podemos hacer para la plena normalización de relaciones entre las repúblicas de Armenia y de Turquía, objetivo por todos deseado. Creer que serán las partes involucradas quienes lo resolverán así sin más, o bien es un error o una excusa para no pronunciarse. No hay que ser un lince de la política para ver que para Armenia esta cuestión es fundamental en sus relaciones con Turquía. Señorías, la verdad tiene un lugar necesario como medida de justicia para el pueblo armenio. Como tampoco hay que ser demasiado espabilado políticamente para saber que más pronto que tarde, Turquía deberá ajustar cuentas con su pasado y con la cuestión armenia en particular.

¿Aprobar esta moción puede tener el efecto contrario al deseado? No.

Insisto, el mejor camino para profundizar en las relaciones bilaterales es el camino de la verdad. Lo sucedido hace 100 años es demasiado monstruoso como para ignorarlo o pensar que esquivando la cuestión se pueden mejorar las relaciones bilaterales.

¿Recibirán positivamente las autoridades turcas esta moción de ser aprobada? No. ¿Debemos por ello callar? No. Sería lo peor que podríamos hacer, acallar la verdad por no molestar a un aliado. Creo que si proliferaran las aprobaciones de mociones como la que hoy defiendo a escala internacional, no solo expresaríamos un reconocimiento a las víctimas del genocidio armenio sino que también ejerceríamos una presión positiva para que Turquía se reencuentre con las responsabilidades de su pasado.

Señorías, verdad y reconciliación. Paz y reconciliación pedía el Papa Francisco cuando repitiendo un juicio ya expresado por Juan Pablo II el año 2001, calificaba el genocidio armenio como el primer genocidio del siglo XX.

En el Parlamento Europeo no hubo ni dudas ni inhibiciones. El europarlamentario del PPE, señor Brok, afirmaba en su intervención en el Parlamento Europeo para justificar el voto del Partido Popular Europeo que no se puede olvidar el genocidio. El eurodiputado del PSE, señor Fleckenstein, decía: “Ya sé que algunos no quieren oír esta palabra, pero un genocidio es un genocidio, reconocer la realidad, reconocer la verdad es imprescindible para restablecer unas buenas relaciones”.

No es un debate entre historiadores el exterminio de los armenios bajo el Imperio Otomano. Es un debate político que exige claridad de posiciones si realmente queremos colaborar en la normalización de las relaciones bilaterales y sobre todo si queremos ir construyendo una cultura global de paz, respeto a los derechos humanos y tolerancia.

El poeta Marcos Ana, comunista, y el preso que más años estuvo en una prisión franquista, dijo que no se puede pasar página sin antes haberla leído. Les invito a votar esta moción y así expresar que el Senado ha leído esta página tan dolorosa de la historia de la humanidad y sabe sacar sus conclusiones.

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