Día 21 de junio. San Luis.

Dedico una parte del tiempo en preparar el pleno de los días 23 y 24.  Hoy es la festividad de San Luis. Lo sé porque era mi nombre de guerra y cuando llegaba el 21 de junio había gente en la facultad que me felicitaba. Antes lo del santoral se llevaba más que ahora. Lo de los nombres de guerra en el tardo-franquismo y entre universitarios del PSUC era un lío. Todo el mundo cuando ingresaba en una célula se ponía uno, siguiendo las normas de la clandestinidad. Recuerdo que me leí un folleto escrito por Gregorio López Raimundo titulado “Comportamiento de los comunistas en las comisarías y tribunales franquistas” o algo parecido. Allí se nos indicaban las normas a seguir si eras detenido.
Volviendo a los nombres de guerra, que debían servir para mantener en el anonimato tu verdadera identidad, los problemas surgían porque aparte de militar juntos también éramos colegas y si ya era difícil dirigirte en una reunión a un amigo o amiga con un falso nombre, cuando íbamos de copas era imposible. Aunque seguía habiendo represión esta no era ni por asomo la de los años 50 o 60, y éramos muchos, cada vez más, los jóvenes que ingresábamos en el PSUC, compensando las imprudencias por el número de militantes.

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