Día 30 de agosto. Felipe González.

Leo en El País la carta abierta del expresidente Felipe González “A los catalanes”. Leyendo la carta, lo primero que pensé es que el tiempo pasa para todos, también para él. El Felipe de hoy ni tiene la autoridad ni, es evidente, la finura política del pasado.

Estoy convencido de que cuando la escribía era consciente de que un escrito así no iba a aportar nada en positivo a la situación tan complicada que vive Catalunya. No acabo de dilucidar si la carta es un calentón propio de quien se considera un estadista o si quiere con ella marcar con nitidez la posición de los socialistas o si tiene como objetivo amedrantar a sectores como el empresarial. O todo a la vez. Lo que sí que creo es que se hubiera podido ahorrar la comparación con la Alemania y la Italia de los años 30 y que no estaría nada mal que alguien desde España nos mandara propuestas concretas de por dónde y cómo avanzar para superar esta situación. Amenazar o profetizar el apocalipsis para Catalunya no es algo inédito y se ha demostrado que tiene nulos efectos en los sectores independentistas. La carta de Felipe González no aporta nada nuevo; ya lo habíamos leído u oído antes.

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