Día 5 de septiembre.

Los gobiernos de la UE realizan una subasta de refugiados.

Decenas de miles de refugiados  huyen de la inseguridad de países como Siria o Irak. Las escenas que retransmiten los medios son apabullantes. Con gran acierto, diferente gente ha colgado en la red fotos de la huida de centenares de miles de republicanos hacia Francia en 1939. Me conmovió la de un padre llorando con su hijo. Con fotos de ahora mismo en las que se retratan columnas de refugiados que aspiran llegar a la seguridad de Europa, aparecía también la de un padre llorando con su hijo. Las únicas diferencias entre una y otra fotografías es el color. El dolor y la desesperanza son las mismas. He ido siguiendo estos días la cicatera subasta realizada, entre los países de la Unión, sobre los cupos de refugiados que cada uno de ellos debería aceptar. De vergüenza, vomitiva. Una vez más ha sido la presión de la opinión pública quien ha doblegado a estos gobiernos sin alma.

Al igual que la crisis griega hizo aparecer las debilidades de la zona euro, la crisis de los refugiados ha puesto de manifiesto otra debilidad del proceso de construcción europea; la posible reversibilidad del espacio Schenguen, según afirman Merkel y Hollande. Europa se renacionaliza y se debilita y esta es la peor noticia.

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