Día 11 de septiembre. Diada Nacional.

Cojo el AVE desde Madrid, billete número 7854100575042. Ayer el Pleno terminó tarde; por primera vez, no he podido estar en el inicio de una campaña electoral ni en la ofrenda floral, con mi partido, a la estatua de Rafael de Casanovas. A la manifestación no pienso asistir: ni soy independentista ni voy a votar a Artur Mas.

También por la mañana se realiza, como cada año, el homenaje a Salvador Allende. El golpe de estado de Pinochet marcó a mi generación. Aún recuerdo la portada de la revista Triunfo toda en negro anunciando el golpe que los militares chilenos, alentados por USA, dieron contra el gobierno legítimo del presidente Allende. Inmediatamente se desató la más cruel represión. En 1978, ya constituida la Federación de Sanidad de CCOO, el enlace de la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT) propuso a las diferentes federaciones de la CONC que nos movilizáramos por sindicalistas de la CUT detenidos o desaparecidos en Chile. La de Sanidad, de la que era el secretario general, se responsabilizó de Reinalda Pereira, secretaria de la Federación de Profesionales y Técnicos de la Salud. Al cabo de un tiempo le pregunté al responsable de la CUT, no recuerdo el nombre, qué había sido de Reinalda Pereira, embarazada en el momento de su detención. La respuesta fue que había sido asesinada por la dictadura. Cada 11 de septiembre me acuerdo de esta mujer, a la que nunca conocí y por la que poca cosa pudimos hacer.

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