Día 16 de septiembre. Una campaña electoral extraña.

La campaña electoral catalana previa a la votación del 27-S se puede definir como extraña. La principal candidatura, la de Junts pel Sí, no la encabeza quien luego será, si ganan, el candidato a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas. Se presenta sin programa, por lo que no es de extrañar que su candidato por Girona, Lluís Llach, afirme sin ningún rubor que él, de política turística, no tiene ni idea. Nadie responde del balance de gobierno de esta legislatura, una de las peores desde un punto de vista social. Todo queda al albur del objetivo de la independencia para Catalunya, cuestión que tampoco queda claro cómo se va a hacer realidad.

Unió se presenta por separado después de casi 40 años de ir en coalición con CDC. Les oyes y parecen recién nacidos en la política; de sus responsabilidades pasadas no saben, no contestan.

El PP, para salvar los muebles, ha optado por un candidato de extrema derecha. Su objetivo: movilizar el peor electorado que existe, el instalado en la xenofobia, el racismo y la intolerancia.

La CUP, sumida en su particular síndrome de Estocolmo, tiene como encargo atacar a Catalunya Sí que es Pot. Esta alegre, combativa y sectaria organización se ha creído lo que Artur Mas le dijo a David Fernández: “la independencia la conquistarían los que llevamos corbatas y los de las camisetas”. Pobre David, se ve que se saltó la asignatura de “conflictos de clase”.

Veo al PSC muy descolocado, demasiado dependiente del posible tirón PSOE. Me da la impresión que su objetivo es salvar los muebles en lo que puedan el 27-S y esperar que en las próximas generales al PSOE le vaya bien y así, al rebufo de Pedro Sánchez, remontar. Ambición electoral en las elecciones al Parlament de Catalunya, poca.

Cada vez estoy más convencido de que el voto a Catalunya Sí que es Pot será decisivo. No únicamente por su agenda social y ecológica, sino también porque espero que lo sea para recolocar la cuestión nacional en el ámbito no solo mayoritario socialmente, sino en el más democrático y real, que es la reivindicación del derecho a decidir.

 

De Ciutadans, lo único a remarcar es que siguen con viento a favor. Tiene su mérito que, de ser casi una opción testimonial en 2003, hoy sean una fuerza relevante en el panorama político catalán y español. Los apoyos que reciben no quitan valor a su capacidad de consolidar un espacio político que cada vez es más claro que es de derechas.

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