Día 21 de octubre. La política catalana está enfermando.

Llevamos demasiado tiempo en Catalunya con una situación política negativa. Lo que está pasando estos últimos meses empieza a ser alarmante. No es normal que el líder de la oposición, Oriol Junqueras, haya sido el principal sostén del gobierno de CiU. No es normal que se presente una candidatura en la que el que va a ser candidato a la presidencia de la Generalitat vaya de número cuatro. Y menos normal es aún que una Convergencia que tiene un real problema con la corrupción sea incapaz de reaccionar, aparte a Artur Mas y permita la investidura de un President, ya.

Pero lo más preocupante es la normalización mediática y social de esta situación. Para muchos, todo se reduce al acoso de los poderes del Estado, como si el 3% de los comisionistas convergentes no fuera una triste realidad del lodazal de la política catalana. Seguro que los poderes del Estado gestionan la corrupción de Convergencia según sus conveniencias; pero lo sustantivo, lo real, es que esta corrupción existe. Corrupción que no solo debilita el “procés”, sino que también nos degrada a todos, afecta a Catalunya.

Creo que nuestra responsabilidad es seguir siendo muy claros, contundentes, realistas. Estamos instalados en un delirio político. Se han generado ilusiones y marcado objetivos inalcanzables, como el de declarar la independencia de forma unilateral. Este irrealismo, lo único que consigue es fortalecer un statu quo de nuestro autogobierno que la inmensa mayoría de los catalanes rechazamos.

 

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