Contar la historia forma parte de la lucha por la hegemonía

La conmemoración del 80 aniversario de la fundación del PSUC convida a opinar sobre algo muy presente en la política catalana: la reinterpretación, cuando no la manipulación, de la memoria histórica, especialmente la referida a la Guerra Civil y la lucha antifranquista. Los protagonistas de tal intento, distintos actores del llamado “procés”. Lo último leído, un tuit del eurodiputado de Convergencia afirmando que la Guerra Civil fue, y es, una guerra contra Catalunya. Ya hemos vivido experiencias similares, como fue, durante la Transición, la revisión del origen franquista de la restauración monárquica y el papel jugado por el rey Juan Carlos: si hacemos caso a los exégetas del momento, el rey fue el restaurador de las libertades en España y adalid de la resistencia antifranquista, tarea para la que contó con la ayuda de su papá, Don Juan. Los demás, solo pasábamos por allí…

Con el título de este artículo no descubro nada nuevo. Todo proyecto político necesita tener sus raíces y encontrar en el pasado las justificaciones necesarias que den sentido al presente. Esta necesidad también la tiene el independentismo catalán. No es objeto de este escrito el analizar por qué el independentismo goza de tan amplio apoyo popular en Catalunya, pero sí opinar desde el punto de vista de un miembro del PSUC sobre la memoria histórica reciente. Con este escrito quiero salir al paso de determinadas lecturas de la historia y reivindicar el legado del PSUC.

Los intentos de manipulación van de lo más vulgar a lo más sutil. Cuando se dice que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Catalunya, se mete en el mismo saco a los golpistas franquistas y a la legitimidad republicana. Se intenta hacer desaparecer el positivo imaginario que existe con la II República, también en Catalunya. Se oculta que la sublevación fascista fue un golpe liberticida contra la República y todo lo que ella representaba, entre otras cosas el Estatut de Núria, que dotó a Catalunya de su primer autogobierno. El argumento de fondo utilizado es que de España no puede venir nada bueno, y puestos a ello se reniega del momento histórico, la República y especialmente el triunfo del Frente Popular de 1936, en el que por primera vez las clases populares se empoderaron. A algunos amigos de la estelada les sobra la tricolor.

Otro mecanismo es visibilizar u ocultar hechos y personas. Solo hay que ir al callejero de las ciudades y pueblos. Me parece bien que se ponga el nombre a una calle o plaza de cualquier víctima del franquismo; lo único que reivindico es que personalidades como Joan Comorera o los hermanos Miret, Conrad y Josep, éste conseller de la Generalitat republicana y asesinado por los nazis, tengan también su espacio en nuestros pueblos y ciudades, por ejemplo al mismo nivel que el de Carrasco i Formiguera, dirigente de Unió fusilado por Franco. Podría citar cientos de mujeres y hombres del PSUC que se merecen tal reconocimiento.

El independentismo catalán cuenta con sus razones de ser y sus apoyos, pero tiene un vacío histórico que no van a llenar ni revisando ni manipulando la historia. Sus únicas referencias podrían ser Estat Català o el Front Nacional de Catalunya, organizaciones irrelevantes en la lucha contra Franco y, en el caso del primero, con periodos muy oscuros en su trayectoria. Los dos grandes partidos independentistas actuales –ERC y CDC/PDC– se definen como tales en épocas recientes. ERC, que participó hasta con seis ministros diferentes en los gobiernos de la II República, entre ellos Lluís Companys, se declara independentista en 1989, cincuenta y ocho años después de su fundación. Por lo que atañe a Convergencia, hace pocas semanas, más de cuarenta años después de ser creada.

Para algunos debe ser duro aceptarlo, pero el independentismo no participó en la lucha contra la dictadura, por el simple hecho de que no estaba. Solo en el tardofranquismo aparecieron algunos grupos, como el PSAN (1969); antes, nada de nada. El principal actor de la lucha contra la dictadura en Catalunya fue el PSUC, que no era un partido independentista y sí federalista y defensor del derecho de autodeterminación. La lucha por la recuperación de las libertades políticas y nacionales, la lucha por la mejora de las condiciones de vida y de trabajo en la larga noche del franquismo, la lideró el PSUC. Y suyo fue el trabajo pedagógico con las grandes oleadas de inmigrantes procedentes de otras partes del Estado para construir aquello de “Catalunya, un sol poble”.

Estamos empeñados en hacer cumplir la Ley de la memoria histórica y que se retire de nuestras plazas y calles cualquier referencia a los verdugos franquistas. Deberíamos tener similar empeño en sustituir el nombre de los verdugos por el de sus víctimas.

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