De esprínters a fondistas

(Artículo publicado en el diario Público el 30 de junio de 2016)

Que los resultados de Unidos Podemos y las confluencias no son los esperados, es evidente. Se ha perdido algo más de un millón de votos. Las razones de tal pérdida son varias, pero la pregunta que hay que responder es: ¿Han influido más los factores externos para explicar el descenso, o se ha producido por factores internos, es decir, por errores propios? Creo sinceramente que el retroceso se explica fundamentalmente por la campaña de acoso y derribo contra Unidos Podemos. No sale gratis retar al “sistema”. Entre muchos han conseguido colocarnos en un extremo, aislarnos y proyectar una imagen negativa de nuestra opción electoral. También es verdad que en determinados momentos hemos ayudado a que así sea. Y estos son los errores propios que hay que reconocer y corregir. No nos equivoquemos en el diagnóstico; un espacio nuevo, con escasa argamasa organizativa y muy dependiente de los medios de comunicación es vulnerable a este tipo de campañas de todos contra Unidos Podemos y Pablo Iglesias. ¿Quiénes se hacen responsables de la pérdida de este millón de votos? Los mismos que han logrado en poco más de dos años conseguir más de cinco millones de votos y 71 escaños. Unos resultados que nos permiten pensar que hay futuro para este nuevo proyecto.

Una primera lección del 26-J es que la ambición de liderar el espacio del cambio pasa por ocupar su centralidad. Y la centralidad se gana con políticas acertadas, programas realistas y actitudes y lenguajes que acerquen y no alejen y, quiero insistir una vez más, evitando quedar aislado. Hay quien vive como una muestra de coherencia que nadie quiera pactar con nosotros, pero es un síntoma de debilidad. Seguimos siendo la fuerza que mejor representa el malestar ciudadano. Pero, para mi segunda lección, estos sectores sociales no son suficientes para ganar unas elecciones. Si no somos capaces de convencer a sectores moderados políticamente pero que padecen por igual los efectos de las diferentes crisis que sufre España, no venceremos. El 20-D fuimos el mejor instrumento electoral para canalizar la indignación social. El 26-J ya no iba solo de indignación, sino también de gobernabilidad. Nuestro principal revulsivo en la pasada campaña fue la alianza con Izquierda Unida, pacto necesario pero no suficiente. No prestamos la suficiente atención a aspectos como gobernabilidad y estabilidad.

Es necesaria una nueva estrategia superadora de la inicial de “ahora o nunca”. Ahora no ha sido posible, pero tampoco el “sistema” se ha estabilizado. Los resultados electorales marcan una futura legislatura incierta e inestable. Los partidos del mismo, PP-PSOE-Ciudadanos, están forzados a llegar a cualquier tipo de acuerdo que impida unas terceras elecciones. Si miramos a Europa, veremos una Unión muy tocada por el “Brexit”. Y las crisis que nos afectan están todas allí pendientes de solución. En el “ahora” aún hay margen y oportunidades para seguir dando la batalla por el cambio. Pero con otro ritmo y fuera de dinámicas electorales. Cuando el objetivo se percibe como fruto de un proceso, la lógica debe cambiar, y debemos pasar del esprint a la carrera de fondo.

Necesitamos un nuevo espacio político plural centrado en la cotidianidad. Un Unido Podemos del día a día, útil y creíble para la ciudadanía, que es la gran derrotada con los resultados del 26-J. Un espacio político nuevo que represente una constelación de sujetos plurales de distintas procedencias y diferentes ideologías, cohesionados por compartir un ideario común y la ambición de ganar y pilotar el cambio que necesita España. Un nuevo sujeto político de matriz confederal para poder conectar con los actores territoriales existentes, como En Comú Podem. El objetivo no sería construir una gran IU o una gran ICV, mi partido –y lo digo sin pretensión de ofender a nadie–, sino algo más plural, más transversal, seguramente más difuso que las organizaciones clásicas, pero más acorde con los tiempos que nos toca vivir. Un espacio político que, para que sea atractivo y estable, hay que dotarlo de democracia interna, canales reales de participación y organicidad.

¿Cómo empezar la construcción de esta nueva realidad? Municipalizando el proceso. La confluencia real se dará en los municipios. Su estabilidad dependerá de la fortaleza del entramado local. Serán los ayuntamientos, y muy especialmente las ciudades que gobernamos, las canteras de los nuevos cuadros. Será en la acción municipal donde adquiriremos solvencia programática, y allí demostraremos nuestra capacidad de gobierno.

Vista la tormenta que se ha desatado, hay que resguardarse, y el mejor cobijo es la gente. Si nos alejamos de los problemas y anhelos de las personas, si no estamos presentes en sus conflictos, si no representamos un canal real de participación de la ciudadanía en la política, podrán con nosotros y nosotras.

Dicho todo esto, creo que ahora toca pensar y actuar. Sigo con atención los debates postelectorales abiertos, y creo sinceramente que ninguno justifica un conflicto. Con más de 5 millones de votos, es mucha la responsabilidad adquirida; muchísima gente ha depositado en nosotros y nosotras la esperanza de una vida mejor, no la defraudemos. Es el momento de abrazarse más que de pelearse.

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